PER STRADA Paseos por la belleza

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Valentía y Verdad. El camino a la luz.

El nuevo año ha comenzado y Strada inaugura blog. Propósito cumplido. Pero lo importante hoy no es el blog, ni Strada, ni siquiera el nuevo año. Lo importante es la historia que lo inaugura y la palabra que destila el nombre de la protagonista. Valentía. No se me ocurre una historia más oportuna, ni una palabra más hermosa.

Es la historia de una mujer con la que me encontré hace años en las aulas de la universidad, con la que he compartido proyectos e ilusiones, cientos de horas de conversación y una vocación común por aprender y enseñar. Nunca en esas conversaciones se coló ni por asomo la intención de convertirnos en guías de turismo. Aunque las circunstancias y la exigencias legales hacen que a veces penda de nuestro cuello la acreditación de guía oficial.

El caso es que esta mujer ha pasado la mitad de su vida acompañando viajeros dentro y fuera de su ciudad, enseñando a mirar, a interpretar, a comprender. Lleva miles de kilómetros a las espaldas y miles de historias en la mochila, y hace unos años, un episodio inesperado de su propia historia amenazó con truncar una vocación y dejar a esta ciudad sin una de sus mejores intérpretes. Retinosis pigmentaria es el nombre del episodio, y una disminución del campo de visión su consecuencia.

La palabra rendición no estaba, de momento, en su vocabulario, así que siguió adelante, y añadió a su nutrido bagaje sobre nuestro patrimonio, un conocimiento asombroso sobre escalones inesperados, rampas inexistentes, lugares faltos de luz e obstáculos impredecibles. Y continuó, a pesar de todo, ofreciendo luz con sus palabras a aquellos que se acercaban a escucharla y ante los que tenía que seguir disimulando que, como cualquiera, tenía una dificultad. Jamás conocí a nadie que encarnara mejor el significado de la palabra lucha.

Pero la eterna lucha agota, y un día, llegó el miedo. Ese fantasma que acosa sobre todo a los valientes, a los que arriesgan, a los que eligen su camino y perseveran. Y a ella le llegó en forma de bastón, y le llevó a pensar que estaba al final del camino. Sus conocimientos eran los mismos, su capacidad de comunicación también, podía ver, leer e interpretar lo que tenía delante…pero para ir de un sitio a otro necesitaba de la ayuda de un instrumento que revelaba su dificultad. Un obstáculo aparentemente insalvable, que finalmente ha sido su salvación.

Venció al miedo. Y lo hizo porque antes de rendirse, encendió la luz, abrió el telón, y reveló la verdad. Y como un guía no es solo un lazarillo, ni un acompañante, ni un GPS parlante a sueldo, Inma y su bastón son hoy, para mí, el símbolo, no solo de la lucha, sino sobre todo de la valentía y la esperanza. La valentía de una mujer que ha seguido adelante cuando la rendición le garantizaba una vida más cómoda, para dejarnos con su ejemplo una lección de aceptación y superación. Y la esperanza en una sociedad que acepta sin remilgos las historias personales y no se le arruga el gesto ante lo inesperado, lo diferente o lo poco habitual.

Ella dijo: esto es lo que hay. Y tanto desde lo privado como desde lo público le dijeron: adelante. Y yo, ante esta historia, me descubro y sólo añado tres cosas. Que no se la pierdan. Que como dijo Hellen Keller, la vida, o es una aventura atrevida...o no es nada. Y que es maravilloso comprobar una vez más que el riesgo y la verdad ponen a la vida de tu parte.

Bravo, amiga

¡Adelante¡